Me pregunté cómo era posible que después de convencerme a mí misma de que no iba a volver, mis pasos rebeldes me devolvieran a ese mágico lugar.
Como llevaba haciendo todas las semanas desde hacía un tiempo, puntualmente aparecí de pronto delante de la puerta de la librería, otra vez con dudas e indecisa, inquieta sobre el porqué del magnetismo que ejercía sobre mí esa librería.
La puerta, cómo siempre, tenía el cartel de "Abierto" torcido pero a la vez pulido y brillante. Era un extraño cartelito de latón rojizo, con los bordes dorados. Mientras, las letras de bronce, brillantes y de clásico estilo, con los bordes redondeados de aspecto delicado, refulgían con los rayos del Sol.
Tragué saliva, preocupada e impaciente, mi cuerpo deseando contemplar otra vez la gloriosa estancia.
Respiré profundamente, decidida.
Alargué la mano hacia el pomo, resuelta.
No era tan difícil, me dije, ya lo había hecho otras veces.
No sabía que esta vez sería diferente...
Como llevaba haciendo todas las semanas desde hacía un tiempo, puntualmente aparecí de pronto delante de la puerta de la librería, otra vez con dudas e indecisa, inquieta sobre el porqué del magnetismo que ejercía sobre mí esa librería.
La puerta, cómo siempre, tenía el cartel de "Abierto" torcido pero a la vez pulido y brillante. Era un extraño cartelito de latón rojizo, con los bordes dorados. Mientras, las letras de bronce, brillantes y de clásico estilo, con los bordes redondeados de aspecto delicado, refulgían con los rayos del Sol.
Tragué saliva, preocupada e impaciente, mi cuerpo deseando contemplar otra vez la gloriosa estancia.
Respiré profundamente, decidida.
Alargué la mano hacia el pomo, resuelta.
No era tan difícil, me dije, ya lo había hecho otras veces.
No sabía que esta vez sería diferente...