Hoy iba por la calle después de una hora descargando adrenalina en Tae Kwondo, media hora de paseo con Urs. y Muac, y una hora de explicaciones matemáticas. Iba ligeramente agotada, con ganas de darme una ducha urgente, sudada y con las sospecha de que hoy podía ser el primer día de ese periodo mensual en el que se vacían nuestros vientres de mujer. Quizá. Dolor de riñones, sí. Sed, sí. Picor en la piel, sí. Umm.. sí, puede que hoy sea el día. Al mismo tiempo me preguntaba (aunque sin darle mucha importancia) si a S. le caería mal, porque cuando hacemos combates en Tae Kwondo siempre pone esa cara que me hace tanta gracia y que hace que no pueda concentrarme y acabe llevándome todos los golpes: intenta poner cara de matón y mueve la cabeza como si estuviera vacilándome, sin darse cuanta que más bien me recuerda a un mafioso de estos calvos, que además es boxeador veterano y patizambo. Últimamente está un poco borde, a veces.
En fin, supongo que estaría con la típica cara que denominamos "normal". Sí, esa que ponemos siempre que no tenemos ninguna alegría excesiva dentro, pero tampoco ninguna tristeza. Una cara apática.
Y como una brisa fresca, me crucé con una chica de unos treinta años, no muy guapa, con el pelo de negros rizos revueltos, la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, como quien recuerda algo.
TENÍA UNA GRAN SONRISA PLANTADA EN LA BOCA.
Me la quedé mirando (disimuladamente).
Llevaba una camiseta de flores estilo guiri y arrastraba una pesada maleta naranja brillante.
Y SONREÍA.
Tenía un gran lunar al lado de la nariz, tan grande que parecía una mancha.
Y SONREÍA.
Los michelines que le colgaban rebotaban a cada paso que daba.
Y SONREÍA.
El pelo se le arremolinaba alrededor de la cabeza, parecía que no se hubiese peinado.
Y SONREÍA.
Sinceramente, me alegró el día.
Encontrarse en la calle con una persona que va sonriendo, sin aparentemente tener ningún motivo, es un verdadero milagro. Todo el mundo va siempre con su cara "normal", apática, pensando en los problemas del día a día, en cosas que muchas veces, realmente no son importantes.
Ella me hizo sentir bien.
Y pensé que yo quería hacer lo mismo por la gente.
Me paré, respiré hondo, me despejé la mente e intenté sonreír.
Una sonrisa natural.
Pensé en cosas buenas que me habían pasado ese día: en May dándome un abrazo, en las risas con Urs., en la comprensión que había visto en los ojos de Ne. cuándo por fin me desahogué. En el cariño que empezaba a cogerle a Eve, en la duda de la mano de Fran.
Lentamente, empecé a sonreír.
¿Conocéis el efecto placebo? ¿Y el efecto placebo inverso? Pues eso. Cuando empecé a esbozar una sonrisa, comencé a sentirme bien, alegre, feliz. La sonrisa se hizo natural y suave.
¿Sabeis? Cuando terminé de pensar todo esto mientras andaba, me di cuenta de que había repetido tantas veces la palabra SONREÍR, que había perdido su significado. Simplemente recordaba que era algo que tenía que ver con la felicidad ^^:
Porque supongo que mi cara "normal" es, en cierto sentido, la de una amargada.