- Has cambiado. Antes no eras así. - Quería que mi voz sonara firme pero se quebró, frágil. Aquello no era, no podía ser la amable persona que yo había conocido.
Y antes de saltar por la ventana, ladeó la cabeza para dedicarme una de sus medias sonrisas, aunque entre las sombras sus dientes brillaran puntiagudos, salvajes y siniestros.
- ¿Sí, no? He cambiado, como cambian los animales después de ser apaleados. Me he convertido en una BESTIA. - Sus ojos, antes cálidos y ahora acerados, me lanzaron un guiño mientras saltaba al vacío. Un guiño afilado y lacerante, cortante como un cuchillo. Casi podía sentir la sangre resbalando de un corte imaginario en mi mejilla. Me estremecí.
Y aún pude oír cómo me gritaba, irónica, desde el húmedo césped del jardín:
- ¡Espero que disfrutes conociendo el fruto de tu creación! - Mientras yo cerraba los ojos con fuerza, con dolor. Y con rabia.
Rabia acallada por un único pensamiento, repetitivo como un mantra:
"Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento..."
Rabia acallada por un único pensamiento, repetitivo como un mantra:
"Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento..."
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ResponderEliminarMay
Me alegro ^^
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