Dime, ¿qué se siente? ¿ya lo sabes? ¿ya me entiendes?
Descolgar el teléfono y llamar con ilusión,
esperar un pitido y otro, y otro.
Necesitas contárselo a alguien, necesitas desahogarte.
Y los pitidos siguen.
Y siguen, y siguen, y siguen...
¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo?
Oh, desilusión, no está.
Que pena. Quería hablar con ella.
¿Qué hago? Ya he hablado con otras personas y no me han dado ninguna solución.
Pero sé que aunque no me sirva como amiga para contar chistes,
que no sea tan enrollada como yo, que quiera tener su vida al margen de la mía que la traga,
a pesar de todo eso, sé que es una persona que siempre va a estar ahí, porque siempre me apoya.
Pero hoy no está. O comunica.
Y ahí te das cuenta cuando te digo:
"Ah, ya, estaba en casa de..."
Ahí a lo mejor te das cuenta de que las cosas están cambiando, que ya estoy un poco harta de que me llames para contarme tus penas y resolver las dudas cuando sé que ya no tienes tiempo para mí.
Y lo peor es que no me puedo negar cuando me pides algo, porque eres muy importante para mí.
Y lo mejor es que me alegro de que, aún a costa de vivir tu mundo y olvidarte de lo que sentimos a veces los demás, tú estás más feliz que nunca, aunque yo sé que te queda mucho para estar bien de verdad, realmente bien. Porque te mereces ser feliz. Por eso te seguiré llamando y escuchando los pitidos que comunican, y cuando me llames todas las tardes te escucharé y me tragaré mis problemas, porque no necesito que te preocupes por mí.
Al final esta es una relación extraña, tú siempre me has protegido de los demás y siempre me has defendido, ahora yo solo quiero proteger tu felicidad (o inconsciencia), porque si algo he aprendido, es que a veces dura poco.
Cuando realmente estuve mal, estuviste para mí, me escuchaste. Ahora las dos estamos bien, ¡estamos viviendo un sueño! Por fin las cosas nos salen bien, por fin podemos reírnos con los demás, llevar una vida normal a nuestra manera, dejar los problemas en el cajón del olvido.
Por fin nuestro año ha llegado, por fin estamos bien.
Por eso seguiré esperando tus llamadas de las ocho.
Porque te quiero muchísimo aunque a veces, como todo, duela un poco.
Descolgar el teléfono y llamar con ilusión,
esperar un pitido y otro, y otro.
Necesitas contárselo a alguien, necesitas desahogarte.
Y los pitidos siguen.
Y siguen, y siguen, y siguen...
¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo?
Oh, desilusión, no está.
Que pena. Quería hablar con ella.
¿Qué hago? Ya he hablado con otras personas y no me han dado ninguna solución.
Pero sé que aunque no me sirva como amiga para contar chistes,
que no sea tan enrollada como yo, que quiera tener su vida al margen de la mía que la traga,
a pesar de todo eso, sé que es una persona que siempre va a estar ahí, porque siempre me apoya.
Pero hoy no está. O comunica.
Y ahí te das cuenta cuando te digo:
"Ah, ya, estaba en casa de..."
Ahí a lo mejor te das cuenta de que las cosas están cambiando, que ya estoy un poco harta de que me llames para contarme tus penas y resolver las dudas cuando sé que ya no tienes tiempo para mí.
Y lo peor es que no me puedo negar cuando me pides algo, porque eres muy importante para mí.
Y lo mejor es que me alegro de que, aún a costa de vivir tu mundo y olvidarte de lo que sentimos a veces los demás, tú estás más feliz que nunca, aunque yo sé que te queda mucho para estar bien de verdad, realmente bien. Porque te mereces ser feliz. Por eso te seguiré llamando y escuchando los pitidos que comunican, y cuando me llames todas las tardes te escucharé y me tragaré mis problemas, porque no necesito que te preocupes por mí.
Al final esta es una relación extraña, tú siempre me has protegido de los demás y siempre me has defendido, ahora yo solo quiero proteger tu felicidad (o inconsciencia), porque si algo he aprendido, es que a veces dura poco.
Cuando realmente estuve mal, estuviste para mí, me escuchaste. Ahora las dos estamos bien, ¡estamos viviendo un sueño! Por fin las cosas nos salen bien, por fin podemos reírnos con los demás, llevar una vida normal a nuestra manera, dejar los problemas en el cajón del olvido.
Por fin nuestro año ha llegado, por fin estamos bien.
Por eso seguiré esperando tus llamadas de las ocho.
Porque te quiero muchísimo aunque a veces, como todo, duela un poco.
Oh, Sara, me gusta mucho! está muy bien escrito, y aunque como ya sabes a mí las reflexiones no suelen llegarme, esta sí que me ha llegado :)
ResponderEliminarPD: espero que me digas por quién va!
(DE EVA)
¡Muchas gracias, Eva / Maya!^^ Realmente lo quieres saber? Bien, entonces mañana te lo diré :). Me alegro de que te / os haya gustado xD
ResponderEliminareeeeeh yo tambien quiero saber para quien es!
ResponderEliminarTe lo diré...
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